El efecto corruptor

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Una Novela Criminal

Leí Una Novela Criminal de Jorge Volpi por recomendación de mi papá. Es una historia interesante sobre el México contemporáneo, que, si bien sus personajes y trama se escriben alrededor de un proceso judicial complejo, el tema indirecto pero concreto es poder.

En el 2005, a las autoridades de justicia federal de México se les ocurrió hacer un montaje mediático de un arresto, salvando a tres personas de sus secuestradores. Escenificaron un show “en vivo” que se transmitió bien temprano por la mañana en los dos canales de televisión abierta nacional, y desfilaron ante cámaras a una pareja de supuestos secuestradores, un hombre bien golpeado y una mujer. 

Puesta en escena, las agencias federales como protagonistas, héroes de la lucha contra el crimen, las víctimas -incluyendo a un niño- y los supuestos delincuentes, antagonistas y la escoria de la tierra. Capturados flagrantemente, no habría juez que se opondría a condenarlos, especialmente en un país en que el secuestro se estaba volviendo algo tan común como los asaltos. Pero…

En el proceso del montaje y la creación de la ficción criminal resulta que fue capturada como secuestradora una ciudadana francesa, Florence Cassez. Los primeros años del proceso nadie dudaba de su culpabilidad, hasta que el gobierno francés tomó acción. A tal nivel que hasta entre presidentes se generó una ruptura.

Dentro del libro mismo aparece la comparación con el proceso Dreyfus, que en Francia de finales de los años 1800 terminó siendo un juicio donde la opinión pública estaba dentro del juzgado. Un montaje contra un oficial judío terminó desgraciando al ejército francés, con presión especial de periodistas y de intelectuales.

Después de juicios, apelaciones, amparos y campañas públicas a favor y en contra de la libertad de la francesa, la libertad al final la beneficia, pues un tribunal se basa en un asunto procesal, no en temas de fondo, para liberarla. Pasó 7 años presa en cárceles mexicanas. 

Nunca se sabrá si la ciudadana francesa fue culpable o no de los delitos, pero sí sabemos que su pareja en ese momento, un mexicano apellido Vallarta, supuesto cabecilla de la banda, terminó con casi toda su familia en la cárcel, sufriendo todos torturas, maltratos e injusticias de todo tipo. Incluso años después capturan “por puro gusto” a más miembros de su familia, y los procesan por años.

Es obvio que ningún sistema de justicia es perfecto. Un proceso judicial criollo es un pasillo largo lleno de gradas que te obliga a abrir puertas que están enllavadas, que no tienen nada adentro solo para resignarte, o simplemente perder. Pero Volpi termina logrando desenmarañar el juicio, darle los matices correctos documentales y exhibe el fondo de la historia más allá de la forma.

La lógica mediática de los eventos públicos los cambia. La manipulación mediática si existe, es una herramienta muy común de todos los gobiernos, y si no me creen ahí están las comedias realistas de Luis Estrada, ambientadas adecuadamente en México. El poder termina creando su propia verdad, y si no la gana la enreda.

Uno de los ministros del tribunal menciona, en una sentencia para liberar a la francesa que existe un “efecto corruptor” dentro de todo el proceso jurídico, la primera mención de algo parecido. Eso al final no es aceptado por los colegas del juez, pero es evidente que se refiere a que, si bien fue declarada culpable la acusada, el poder mismo, la autoridad, coloquialmente la embarró. 

Ese efecto sale a relucir, al final, porque un gobierno europeo metió las manos en el fuego por una ciudadana suya. ¿Cuántas Florence más hay que siguen presas?

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